El hombre que homosexualizó (y heterosexualizó) el mundo
Escrito el 14-05-2008 por dosmanzanas
Una de las grandes conquistas del movimiento LGTB en Occidente ha sido crear y popularizar un lenguaje nuevo que permitiese decir y pensar la realidad de un modo sustancialmente distinto al que se impuso durante los muchos siglos de persecución y marginación hacia las personas que se sentían atraídas sexual y afectivamente por otras de su mismo sexo. Y es que, por más que hoy esté de moda abominar de ‘las etiquetas’ relacionadas con la orientación afectivosexual, y presentarlas como un obstáculo para la plena libertad del individuo, no podemos olvidar que eso que algunos denominan ‘etiquetas’ no son, a fin de cuentas, otra cosa que palabras: es decir, lenguaje. Y las palabras, y el lenguaje en general, nos sirven a los humanos para intentar hacer inteligible la realidad representándola de un modo determinado, lo que requiere ‘clasificar’ –o agrupar– todo aquello que nos encontramos en ella, puesto que es imposible tener una palabra para cada objeto, idea, acción, etc. individuales. De esta necesidad que tiene el lenguaje de clasificar nacen las ‘etiquetas’, o lo que es lo mismo, las palabras. Así pues, dado que el lenguaje es una de las características esenciales del ser humano, y el fundamento de todas sus sociedades y culturas, resulta obvio que las ‘etiquetas’ ha existido siempre –desde que existe el lenguaje humano– y que previsiblemente seguirán existiendo en el futuro –mientras existamos los humanos, claro–. Lo que no significa que dichas ‘etiquetas’ hayan sido o hayan de ser siempre las mismas, ni que su significado haya sido constante o lo tenga que ser en el futuro.
En Occidente, hace un siglo y medio, no faltaban las etiquetas para interpretar la diversidad sexual: por ejemplo, en castellano y en el caso de los hombres, por un lado estaban los marcados con palabras como ‘sodomita’, ‘puto’, ‘bujarrón’, ‘marica’, ‘maricón’, ‘afeminado’… y por otro, los ‘hombres decentes’ y ‘normales’. Es obvio que dichas etiquetas conducían a la estigmatización de los primeros, anatemizados por la religión, condenados por la moral –o lo que entonces pasaba por tal– y ridiculizados en la imaginación popular. No puede extrañarnos, pues, que quienes por aquellos años decidieron –por primera vez en la historia– tomar la palabra en defensa de este colectivo estigmatizado considerasen necesario crear unos términos nuevos que hicieran posible presentarlo bajo una luz diferente. Así, como vimos en la columna de la semana pasada, el jurista de Hanóver Karl Heinrich Ulrichs acuñó en la década de 1860, para designar a aquellos hombres que deseaban y amaban a otros hombres, el término ‘Urning’ (‘uranista’ en castellano).
A finales de esa misma década, en 1869, y también en Alemania, el periodista y escritor húngaro –aunque nacido en Viena– Karl-Maria Kertbeny escribió y publicó anónimamente una carta abierta al ministro de Justicia prusiano en la que propugnaba la despenalización de lo que la ley entonces vigente en Prusia denominaba ‘fornicación contra natura’. Argumentaba Kertbeny que “el Estado no tiene derecho a intervenir en nada que tenga lugar entre dos personas mayores de catorce años que consientan libremente en ello y que no afecte al ámbito público ni a los derechos de un tercero”, pues lo contrario vulneraría los derechos del hombre. Kertbeny también recordaba en su carta a un amigo suyo de juventud que se había suicidado tras haber sido sometido a chantaje a causa de su inclinación sexual hacia otros hombres, y subrayaba que la ley antisodomítica prusiana ponía las cosas fáciles a los chantajistas y podía provocar otras tragedias como la de su joven amigo.
Las autoridades prusianas ignoraron los argumentos de Kertbeny: no sólo mantuvieron sus leyes como hasta entonces, sino que poco tiempo después –en 1871–, la creación del Imperio Alemán, bajo la hegemonía de Prusia, les permitiría extender por todo su territorio la penalización de la sexualidad ‘contra natura’. Aquel opúsculo de 1869 no caería, sin embargo, definitivamente en el olvido, por el simple hecho de que en él Kertbeny utilizaba públicamente por vez primera dos palabras de su invención, ‘homosexual’ y ‘heterosexual’.
En las últimas décadas se ha denunciado con frecuencia, desde posiciones favorables a los derechos LGTB, la vinculación del término ‘homosexual’ a un contexto de ‘medicalización’ y patologización del deseo y el amor entre personas del mismo sexo, o lo que es lo mismo, al discurso que ha querido presentar la ‘homosexualidad’ como una tara o una perturbación biológica o psicológica. Dicha vinculación existió realmente, desde que en 1886 el psiquiatra austroalemán Richard von Krafft-Ebing adoptara la terminología de Kertbeny en un libro que llegaría a alcanzar gran difusión e influencia, ‘Psycopathia Sexualis’ (en el cual se consideraba como ‘perversión’ o ‘patología’ toda forma de deseo sexual que no condujese a la procreación, lo cual incluía el deseo homosexual: vemos, pues, como el prejuicio ‘moral’ –el sexo sólo podía ser bueno cuando iba ligado a la reproducción– se disfrazaba a finales del siglo XIX de objetividad científica). Me parece importante, con todo, recordar que la palabra ‘homosexual’ no surgió en ese contexto patologizador que legitimaba y perpetuaba la inferiorización social de gais y lesbianas, sino, muy al contrario, en uno de los primeros textos publicados en defensa de los derechos de estas mismas personas. Y que en su difusión tuvieron también parte significativa quienes, en las décadas siguientes, tomaron el relevo de aquellos pioneros del movimiento LGTB que fueron Ulrichs y Kertbeny.
Además, merece la pena señalar que el término ‘homosexual’ presenta muchas ventajas. A partir de él es posible crear con facilidad nuevas palabras (por derivación, composición o analogía), tales como ‘homosexualidad’ (¿cuál sería, sin embargo, el sustantivo abstracto derivado de ‘gay’?), ‘homoerotismo’, ‘homosocialidad’… o una tan importante para la causa LGTB como ‘homofobia’. Su gran flexibilidad semántica (literalmente, ‘homosexual’ sólo significa ‘del mismo sexo’) nos permite aludir a través de él a un amplio conjunto de realidades: como señala Alberto Mira (‘Para entendernos’), ‘homosexual’ “incluye a hombres y mujeres (…), puede referirse tanto a prácticas como a deseos y (…) describe una amplia gama de fenómenos externos en cualquier época y en cualquier cultura.” Pero quizá su mayor virtud radique en el paradigma léxico en el que se integra: y es que ‘homosexual’ se opone a ‘heterosexual’, sin que ninguno de estos dos términos tenga, en principio, por qué equipararse a ‘lo normal’ o ‘lo correcto’.
Antes de Kertbeny, como hemos apuntado más arriba, lo que hoy denominamos ‘heterosexual’ sólo podía ser pensado y dicho mediante la identificación excluyente con la normalidad y la moralidad; a partir de su aportación terminológica, el amor y el deseo entre personas de distinto sexo podían ser considerados como una variante entre otras de la sexoafectividad humana, desprovista de estatus superior o normativo. Ser ‘heterosexual’ no es lo mismo que ser ‘una persona normal y decente’; ser ‘homosexual’, por lo tanto, tampoco implica ser un pervertido, ni un tarado: he aquí la revolución en la forma de concebir la diversidad sexual humana que inició, en pleno siglo XIX, un autor húngaro casi desconocido. Aunque no alcanzara su objetivo de hacer derogar la ley antihomosexual de Prusia, su carta de 1869 supuso un paso fundamental para –en palabras de Didier Eribon (‘Réflexions sur la question gay’)– “llegar a perturbar el ciclo inmemorial de la reproducción del prejuicio social heteronormativo”. Concepto este último, por cierto, que –como los relacionados de ‘heterosexismo’, ‘heterocentrismo’, etc.– deriva también, obviamente, de los términos acuñados por Kertbeny.
Fijémonos también, por último, en que la palabra ‘gay’, en la lengua de la que proviene, el inglés, se opone coloquialmente al término ‘straight’: “Are you gay or straight?”. Ahora bien, ‘straight’ significa ‘recto’ o ‘derecho’, así que presupone que quien no es ‘straight’ está de algún modo ‘torcido’, ‘desviado’… Nosotros, afortunadamente, en lugar de ‘straight’ decimos ‘hetero’. Gracias, una vez más, a Kertbeny.















GAY…. QUE ROLLO NOS CREO LA RELIGION Y LA DOBLE MORAL…. Yo opino q la mayor enfermedad a nivel mundial es el odio, y la mayor consecuencia del mismo es el estar buscando desesperadamente una razon para acusar a quien sea q piense diferente a uno mismo. se ve incluso en nuestro ambiente gente q rechaza a heteros, a loks fuertes y lesbianas. y no es q todo el mundo tenga q caernos bien pero hay q buscar la forma de hacer ver al mundo q somos gente tan normal y natural como aquel q ame a una persona de sexo opuesto. el q es gay es gay el bi solo el sabe y el hetero mientras este sobrio y complacido se portara bien jajaja solo espero q la opinion de la gente evolucione aun mas y permita motrar la felicidad q se siente poder amar abiertamente. gracias a dios mi pareja y yo logramos eso con nuestras familias SI EN MARACAIBO LO LOGRAMOS de verdad espero q algun dia pueda estar con andrew de mi mano y no me digan “MIRA ESOS MARICOS” se oye mejor “mira esos chamos se aman! se les nota! lamentablamente pocos por no decir nadie ven eso…
Nelkson,
Es que tu y tu marido se ven tan bellos juntos que hasta parecen hermanos (siempre te lo he dicho) los dos tienen unas caritas de ángeles que los hace ver muy tiernos…
Besos desde España.
JEJEJE GRACIAS MI VIDA BESOS PARA TI TAMBIEN
POR CIERTO ME ENCANTA ESTA PAG Y EL ENFOQUE DE LA MISMA DE VERDAD Q SE LA COMEN JEJE
Gracias mi cielo la intención es esa… gracias por tu comentario
Ey…! te envidio bonito Nelkson…. yo con mi oroluk no podemos agarrarnos de las manos y nuestras familias no saben nuestro amor, pero nos satisface que cuando salimos a pasear al Lago Mall, al Sambil, a la Vereda, todos nos miran y saben que somos NOVIOS, mejor dicho ESPOSOS, porque no me importa un papel, sino sentirme perteneciente a él y viceversa.
También somos de Maracaibo, a ver si algún día los vemos por ahí y les saludamos.
TE AMO OROLUK!!!!
Nelkson tiene toda la razon el odio esta matando este mundo, hasta los paises mas desarollados y con derechos y demas tienen sus problemas con discriminacion, que espanto saber que cada dia uno ve los periodicos y lo primero que salen son muertos o peleas o guerra, cuanto no daria por ver el periodico y solamente ver noticias simples, ni guerras ni crimenes nada eso si es efimero de mi parte imaginar y querer eso
para zaperoco: pana lo importante realmente es q tu y el se aman y son felices. el dia q podamos salir asi con las manos agarradas tranquilamente llegara siempre y cuando no dejemos q la verguenza de admitir nuestra realidad nos consuma.
YO LE DIJE A MI FAMILIA QUE SPY BISEXUAL Y LO ACEPTARON Y TAMBIEN LES DIJE QUE TENGO PAREJA